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    martes, 26 de enero de 2010

    Notas desde Barcelona II


    La tía de Natalia, Margarita Mejía, se ganó un libro en una red social vertical de gente cercana a ala industria editorial: www.ediciona.com. Ediciona, aunque es un red global, tiene su sede en Barcelona, de dónde son sus creadoras. El link de "Quienes somos" los define así:

    Ediciona nació el 14 de abril de 2008 dentro de la incubadora de Grupo Intercom, empresa líder en España en la creación y desarrollo de negocios en Internet, especialmente clasificados.


    Dos temas me parecen valiosos de rescatar sobre Ediciona, antes de contarles mi experiencia de recoger el libro.

    1. Es una red social vertical que parece funcionar, lo que resulta muy interesante.
    Hace 1 año y medio, escribimos un plan de negocios para hacer 2 redes sociales verticales, desistimos porque sentimos que Facebook bien usado podría prestar el servicio que nosotros queríamos ofrecer. Además, nunca pudimos concretar cómo monetizar el trabajo, por lo que no logramos presentarnos a posibles inversionistas. Ediciona, sin embargo, sale de una incubadora del Grupo Intercom, y lleva dos años acumulando nodos en la red que ha construido. Ofrecen servicios de información de la industria editorial, y varias editoriales les regalaron los libros del concurso que se ganó Margarita.

    2. Ediciona, me parece, parece que es un modelo innovador que sin traer un gran invento en sí, parece funcionar y tiene potencial. Por eso, no doy muchos detalles de las redes sociales verticales (de las cuales ya compré los dominios) por que veo que hay caminos. Creo que esa innovación Pyme, esa que interpreta fenómenos masivos e inmensos, como la web, o mejor, la Web 2.0 y los usa para un modelo de negocio particular y único, tiene mucho que ganar.

    Ahora sí, les transcribo mi experiencia de recoger el libro, una experiencia que puede pasar en Barcelona:

    Fuí.

    Salí de la casa con Natucha, que iba para la U, en la calle nos despedimos porque el bus pasa por sitios diferentes. Llegué a mi paradero, esperé al número 9. Tenía miedo de no encontrar la Plaza Universidad, aún la Gran Vía me parece toda igual.

    La cita era en un restaurante de tapas, un Bar: Cava, vino y tapas es lo que venden. Yo iba ilusionado con que fuera un evento masivo, para que me dieran una cavita y algunas bocatas gratis. No era masivo. A la entrada estaba una Peruana, MariClara, o MariPaula, Mari algo, su acento Peruanocatalán me confundió. No me dejó entrar al bar y me preguntó: ¿vienes para lo de Ediciona? ¿Cómo te llamas?... Margarita Mejía... bueno -con pena- Juan Andrés, soy el esposo de la sobrina. Hola Juan Andrés, el de Bogotá, dijo la peruana.

    Estaba también Rosa, una correctora de estilo y traductora, que tenía un carrito de bebé de donde salió una niña de ojos negros, nariz pequeña y alegría. Hooola, la saludé como uno saluda a los bebes. Eran las 7 en punto. Entremos al bar, dijo Marialgo. Ya íbamos a entrar, cuando un Volvo verde, 4x4, último modelo pitó. La peruana corrió al coche y sacó una caja. Eran lo libros. No quiso que la ayudara, pero yo abrí la puerta del Bar.

    Mientras nos acomodábamos, fueron llegando más personas. Todas tenían pinta de solitarios, será porque así me siento cuando no voy con Nati acá en Barcelona. Todos parecían tan anónimos como yo, aunque yo era más, porque no tenía ni idea cómo se habían ganado los libros, por qué medio, hace cuánto y bajo qué condiciones. Con Rosa nos pusimos a hablar. Es lo que pasa cuando llegas a un grupo nuevo, buscas un ancla emocional y ¡capúm!, ese puede ser tu mejor amigo de la universidad, o tu futuro jefe, porque será con el primero que hables, con el que ganes confianza en un nuevo ambiente social. Fue mi aliada para manejar esa situación tan rara.

    Aunque todos se conocían, todos esperaban un evento distinto. Tal vez un cóctel, una conferencia, un espacio más formal. La mayoría eran mayores de 40, salvo Rosa, un fotógrafo Miguel y un corrector de estilo que tenía los dientes amarillos y unas gafitas de lector consagrado, de esos que se saben el último libro del próximo Nóbel (ojo, digo del próximo), que se llamaba Sebastián.

    Rosa, como estaba con su hija se fue rápido. Me alcanzó ha contar lo de su trabajo como traductora y correctora y me preguntó por lo que hacía yo y Margarita. Yo, estoy en una especie de sabático, por si sabes algo, le dije. Margarita, es correctora de estilo y trabaja para Carvajal, con una revista. Estudió en Buenos Aires, temas de lenguaje. Adoptó una palabra el otro día. (Nota: Reserva de palabras, es una idea para no perder el uso de palabras del Español y el Catalán, uno la apadrina, acá se puede ver)

    Con Miguel y Sebastian hablamos de la vida, del trabajo, de Barcelona, de la inmigración, de lo difícil que es sacar la visa cuando se es Colombiano, de tener tiempo para leer, de la última gran película española, Celda 111, y del clima. Fue muy agradable.

    A mí fue el primero que me entregaron el libro, en un sobre de manila con burbujitas de esas que uno explota. Lo abrí anunciando que estaba autorizado para leerlo antes que la dueña, que ser el primero en leerlo era, junto con el gorro que tenía puesto, mi regalo de navidad. A los otros les salieron libros de niños, de esos que el dibujo es más chévere que el texto, libros de historia, de psicología, otras novelas históricas.

    Al final me tuve que ir porque Natucha no tenía llaves. Ahora estoy acá, apurando el final de este mail, para seguir leyendo la trama del libro que empecé en el bus de regreso a casa: Corazón de Hierro, de Alfredo Colitto...

    Abrazos!

    1 comentario:

    1. Buena nota Juan. Ya tienes uno que va a ser lector asiduo de tus andanzas por Barcelona.

      Saludos y un abrazo a la distancia.

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