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    domingo, 30 de enero de 2011

    4 horas para mi: notas de la Mitja Marató de Barcelona

    Hoy, domingo 30 de enero de 2011, he corrido la Mitja Marató de Barcelona. 

    Es la carrera más solitaria que he corrido nunca. Salí y volví a casa sólo yo, conmigo mismo. Fueron 4 horas de cuerpo, de aire, de alma para mí. 
    Todo comenzó hace 2 meses con un correo de Natucha, mi esposa:"Te regalo la inscripción a la media maratón de Barcelona". Bueno, tal vez deba ser más preciso, todo comenzó hace más de 15 años cuando una tarde, luego de clases, mi hermano me llevó al cerro del cable en Bogotá y subimos hasta "el partidor". Podrán imaginarse que no fue una carrera muy larga, se llamaba "el partidor" porque era el punto de encuentro de los amigos para arrancar a correr, para partir hacia la montaña, a la meseta, al final del cerro allá donde puedes ver que  Bogotá se despliega hacía el occidente.

    Me desperté a las 7 y 30, que en España es un madrugadón y más si es domingo y has salido la noche anterior. Comí cereal con yogurt de fresa, fui al baño, me vestí y salí a buscar el metro de línea roja en Plaza España. En el metro la fiesta ya comenzaba. Muchos locos de esos que corren, con sus mejores zapatos, con sus mejores pintas, definían los detalles de la carrera y hablaban de cuántas otras habían corrido, de qué habían comido y lo bueno que habría sido acostarse más temprano ayer. En el metro me pegué el número con la nodrizas (imperdibles) que compré ayer en el Chino (comercio principalmente atendido por chinos en donde venden cosas chinas y se consigue de todo. En Colombia sería el equivalente a una Micelanea gigantesca). Me puse el chip en el zapato y traté de grabar en mi mente a los grupos de amigos. Yo iba solo. 

    A las 8 y 15 tenía cita con Oriol, mi amigo Catalán, con el que corro últimamente. Quedamos de vernos en la calle de la salida. Fue imposible encontrarnos, en esa calle había más de 10.000 corredores esperando salir y buscando a sus amigos. Así que calenté unos 9 o 10 minutos, estiré las piernas, hice unos saltos de esos que hacen los futbolistas cuando se espera un cambio y me puse en la fila, para hacer parte de la masa. A mi lado hablaban Catalán, Español, Francés, Inglés y Alemán. Como en todas las carreras, muchos se quejaban de no haberse podido ubicar de acuerdo a su tiempo esperado.
    Luego de unos cuantos gritos, el DJ hizo sonar: "I got a feeling", así que un sentimiento de euforia  acompañó la salida. Yo di saltitos rumberos para darme fuerza y salí sonriendo. 

    Corrí lento los primeros 5 kilómetros, por haber salido muy atrás y tuve que pasar mucha gente para encontrar a los de mi ritmo. En el 8 me tomé un gel y sentí fuerza, así que encontré mi paso de galope. De ahí en adelante corrí como un robot corredor programado en piloto automático: hasta el 19 hice un  preciso 4:30 el kilómetro. Cada vez que cruzaba el cartel amarillo que anunciaba un kilómetro más miraba el reloj y me sorprendía del paso constante y fluido que llevaba. Como estaba lloviendo desde el 10, iba mojado, pero nunca sentí frío ni calor, y yo creo que el clima ayudó a que no sintiera sed. 

    Preparando el remate me tomé otro gel en el kilómetro 18 y en el 19 dos niños me recordaron que "faltan 2, faltan dos"... "lo has conseguido", alcancé a oírle a una abuela. Me animé y corrí estos dos kilómetros a lo que pude: del 19 al 20 a un paso de 4:15 y del 20 al 21 en 4 minutos. Cruce la meta junto a un señor de verde, que hizo gritar al público, vamos ánimo. El público respondió con una ovasión épica. Mi piel se hizo gallina mientras mi reloj marcaba 1:37:19. 

    A la salida de la llegada nos dieron manzana, agua, powerade, banano y naranja. Yo los recibí todos y me los comí mientras estiraba. También me dieron una medalla más para mi colección. La recibí con cariño, porque es la medalla de esta Ciudad que ahora me acoge en sus entrañas. Regresé a casa en el Bicing y el viento me heló las tripas. Me bañé con agua caliente para subirme unos grados, desayuné y viaje durante hora y media por un sueño profundo, oscuro y satisfecho. 

    Este no es aún el nivel que tuve, pero si siento que puedo correr mejor, con más goce. Fueron 4 horas conmigo mismo, de disfrutar mi cuerpo, el aire entrando y saliendo, el corazón bombeando oxigeno, escuchando los susurros de la fiesta, oliendo el aroma de esta ciudad diversa y sintiendo en mi piel las gotas suaves de este invierno intermitente. 

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