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    viernes, 24 de junio de 2011

    El valor de las contradicciones

    Hoy me publicaron en www.colombiaincluyente.org esta nota sobre el valor de las contradicciones. Hablo sobre el complejo rol de los gerentes de RSE y su capacidad de poder equilibrar contradicciones. 

    Acá va la nota publicada: 

    Comienzo este texto con la sensación de que tengo mucho que decir en pocas líneas. Con muchas ganas de decir muchas cosas, pero también deseoso de hacerlo con pocas palabras. Así parece que es la vida, llena de contradicciones. Y son esas contradicciones la base del cambio, porque nos presiona a pensar en otra forma de hacer las cosas, en otra manera de ver el mundo.

    La RSE es uno de esos ejemplos de la supervivencia en las contradicciones. Yo me declaro admirador de los gerentes de RSE o reputación o asuntos corporativos (en adelante gerente de RSE) de las grandes empresas; pero soy mucho más admirador de los gerentes de RSE de esas empresas que todos acusan en las calles, de las esas a las que el valioso activismo ambiental o en derechos humanos no les da un respiro. Los admiro porque son un grupo de hombres y mujeres que saben administrar las contradicciones. Y es que administrar la contradicción me parece, hoy por hoy, el único camino posible para la transformación del sistema social.

    Para explicarme trataré de construir un perfil general del gerente de RSE comprometido. Aclaro que no describiré al típico relacionista público que ahora tiene el encargo de hacer que funcione la fundación de la empresa. Me refiero a una especie de persona que suele encontrarse poco: se trata de un hombre o una mujer de negocios, pero con intensas e internas preocupaciones por el sufrimiento humano y de la naturaleza. Normalmente es una persona que tiene la capacidad de presionar decisiones basado en principios, en un nivel más allá del castigo y la norma, porque entiende que el sistema social necesita una coherencia y plenitud que no puede encontrarse por fuera de un apego profundo a una ética ciudadana. Tiene el don de caer más o menos bien en el ámbito empresarial, ya que usa el lenguaje -verbal y no verbal- de los negocios; este don logra hacerlo extensivo al ámbito de las ONG, donde lo reciben como un hijo pródigo, cuando se logra establecer un diálogo entre su empresa y el sector de las organizaciones sociales, como suelen llamarlo algunos. Su día a día consiste en administrar la contradicción de ser parte de una empresa que, por las características del sistema, tiene una estructura, una forma de actuar que contradice en lo más profundo las declaraciones de respeto al medio ambiente o a los derechos humanos, a la búsqueda de la sostenibilidad. El gerente de RSE es consciente de que su empresa no lo hace bien todo, porque es de los pocos que tiene acceso a toda la cadena de valor y sabe del impacto de la operación e intuye el impacto de las empresas contratistas.


    El gerente de RSE vive en la contradicción. Sabe que la empresa ha declarado su respeto a los diez principios cariñosos del Pacto Global, que tiene un Código de Ética que impone altos estándares de integridad, un Código de Buen Gobierno que debería presionar a la transparencia plena y unas cuantas políticas sobre su respeto al agua, a la diversidad, a la ley y, algunas veces, hasta a los dioses. Es consciente, en lo profundo de su ser, de que la empresa no está cerca de cumplir a plenitud esos estándares, porque sabe también que el mercado es un animal peligroso, inestable y caprichoso. Sabe también que sus accionistas son ocasionales, en su mayoría apostando por beneficios a corto plazo. Es consiente que en las otras áreas de la empresa los resultados se miden por los ahorros o el aumento de las ganancias. Es consciente de que vive en una sociedad corrupta y que los miles de los empleados de la empresa en todo el mundo se verán tentados.

    Así que, su día a día, que es lo mismo que hablar de su supervivencia, consiste en hacer visibles esas contradicciones entre las declaraciones, en forma de políticas, que la empresa hace. Esto implica enfrentar contradicciones reales, resultado de tensiones profundas de los modelos de negocio transnacionales. ¿Cómo hacer compatible la necesidad de proteger la biodiversidad y la calidad del agua en una petrolera? ¿Cómo hacer compatible la necesidad de crédito de la gente, que –en la práctica- implica la necesidad de liquidez del sistema y la especulación? ¿Cómo convencer al gerente de compras que además del precio de los productos hay que analizar su origen, porque la empresa se ha comprometido a respetar los derechos humanos? Etcétera, etcétera…

    Sin embargo, administrar estas contradicciones es lo que ha permitido convertir en cambios cualificados y cuantificables las presiones del activismo en derechos humanos y medio ambiente. El gerente de RSE, esta figura contradictoria en sus ideas, es un puente entre las exigencias de una sociedad que está indignada, que se siente ignorada y que protesta, y un conjunto de personas que administran una empresa y que tienen, en su día a día, que cumplir con criterios muchas veces contradictorios con su creencias.  Así que las contradicciones han hecho algo mágico, han cambiado el mundo lentamente. El mismo gerente de RSE que se debate entre la vida segura del salario de una multinacional y la vida más arriesgada del activismo para la transformación, consigue pequeños cambios en la gestión empresarial, que, si lo miramos con esperanza, pueden estar sembrando las raíces de un cambio más profundo del sistema, que consiga el ejercicio mundial de los derechos humanos y la creación de un modelo económico sostenible; que no ponga en riesgo nuestra supervivencia en el planeta.

    Es la contradicción misma de la RSE, esa que está en el lado de un sistema imperfecto, pero también de la justicia que llega a su destino con su andar renco.

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