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    miércoles, 27 de julio de 2011

    No quedarse sólo cuando duele Colombia

    Sin preámbulos les transcribo mi columna de opinión en Colombiaincluyente.org:


    A mi Colombia me duele todos los días. Me duele por estar lejos de los míos, me duele por la violencia, por la corrupción, por la pobreza y por tanta riqueza desaprovechada. Esos son mis sentimientos y se los comparto, porque se me vino encima la nostalgia.


    ¿Qué hacer por el país? ¿Cómo puedo aportar un grano de arena al arenal de acciones que necesitamos? ¿Cómo puedo ser píldora para el cambio?

    “Trabajar por el país” es una de esas preguntas complejas que uno se hace mas frecuentemente cuando lo separa el océano, cuando las raíces están lejos, cuando nos sentimos achilados como una mata trasplantada. Las respuestas son variadas y variopintas, que no es lo mismo. Algunas dicen que se hace mucho por el país estando acá al otro lado del charco, haciendo las cosas bien, mostrando el lado inteligente, trabajador y energético de nuestra raza, o por lo menos de las personas que tuvimos el privilegio de tener una formación universitaria de buena calidad en Colombia. A veces, la respuesta es un llamado para hacer algo más concreto: usar el sistema europeo, la capacidad económica de estar acá, aprovechar el tipo de gente que uno conoce; estando acá, creen algunos, lo que hay que hacer es aprovechar “tanta ayuda”. Y finalmente, está la opción de regresar a trabajar "en el terreno", como dicen los que hacen ayuda humanitaria. 

    Mi sueño es hacer las tres cosas. Yo creo que muchos de los que estamos viviendo por fuera podríamos hacerlo.

    Sin embargo, los caminos para ese “hacer algo”, para comprender al país, para participar de la construcción de una sociedad justa y sostenible, son también distintos, sin importar que estemos cerca o lejos. El problema comienza con que no tenemos ni siquiera acuerdos sobre el modelo de sociedad que queremos construir.  De todos modos, yo creo hay un gran acuerdo sobre qué nos imaginamos para Colombia en la Constitución de 1991, que anda cumpliendo 20 años por estos días, pero este acuerdo debe convertirse en un acuerdo real en el que participemos todos, en el que todos aportemos.

    La otra verdad, es que aunque no haya un pleno acuerdo si hay un conjunto de instituciones que ya hacen cosas. Con tanta corrupción, guerra,  miedo y hostilidad, aún hay queda espacio para que en Colombia se hagan muchas cosas bien.

    La sociedad está conformada por personas, que conforman organizaciones, que a su vez integran la sociedad. Si estamos solos -que es como uno se siente cuando se enfrenta a pensar con dolor en el país desde el otro lado del Atlántico- nuestra capacidad está restringida. Pero no estamos solos, porque podemos hacer parte de organizaciones que conforman la sociedad. Esas organizaciones pueden llegar a acuerdos intermedios sobre la sociedad que quieren construir, o sobre los proyectos que quieren llevar a cabo. Cada una tiene una ética interna –ética organizacional- que es más fácil de conjugar con las éticas personales. 

    Estas organizaciones han sido divididas en cuatro grandes grupos: las instituciones del Estado, las empresas, la academia y las ONG. Cada país tiene, al menos, esos cuatro tipos de organizaciones. Todas tienen propósitos distintos o compartidos, pero a través de ellas se está menos sólo, se puede pensar de mejor manera y se puede influir más en la forma como queremos cambiar el mundo. 

    Todo este discurso está encaminado a no sentirme sólo, a pensarme parte de esta sociedad y apoyarme en las organizaciones existentes, para “hacer algo” en los temas que me preocupan. A mí me parece que las empresas son organizaciones con una capacidad interesante para influir en la manera como el mundo en general y el país en concreto se desarrollan. Otros lo hacen desde las ONG, a través del activismo ambiental o en derechos humanos, o del aporte concreto a alguna de las dimensiones que afecta la pobreza. Hay otros que lo hacen desde la academia, pensando nuevas formas de entender el mundo, la sociedad, el ser humano, pero también influyendo en las políticas sociales. Otros trabajan en el Estado, administrando los impuestos que pagamos todos como personas y organizaciones.  

    Querido lector: no conozco el camino que desee recorrer para encaminar su trabajo. Como yo lo veo, cada una de estas organizaciones cumple o debería cumplir un rol distinto. Las instituciones del Estado administran un conjunto de reglas sobre las que hay cierto acuerdo. Trabajar en el Estado o en la política es la forma más conservadora, creo yo, pero con la ventaja de que se tiene el poder de las instituciones y un sistema estructurado de toma de decisiones, además de un presupuesto de impuestos muy grande, que si se usara bien daría para hacer muchas cosas. Las empresas están interesadas en ganar dinero, pero algunas están pensando en nuevas formas de participar en el desarrollo social, en proteger el ambiente, en ganarse su espacio en el entorno. Creo que están dispuestas a correr mayores riesgos y a ser innovadoras. El problema es que ahora son tan grandes y poderosas que no siempre es  fácil cambiar el curso de cómo han funcionado. La academia tiene ideas nuevas y siempre está unos años más adelante, pero el problema es que su impacto en la realidad es lento. Su capacidad de influencia es importante, pero como son menos poderosas muchas veces están lejos del cambio. Las ONG toman más riesgos, muchas hacen mucho trabajo de ayuda concreta con la gente, en el terreno; algunas han decidido que su rol es denunciar lo que vaya en contra de la sostenibilidad o denunciar las violaciones de derechos humanos por parte de empresas o estados. 

    Todo esto nos lleva a pensar en una ética personal. Hay que definir en qué creemos y, desde ahí, pensar que queremos  hacer, para luego analizar en qué rol estamos cómodos y creemos que podemos tener más impacto. En todo el mundo hay muchas organizaciones pensando en algo mejor para el mundo y en algo mejor para Colombia. Lo están pensando desde los negocios, desde la cooperación, desde las relaciones internacionales, desde enfoques más integrales, etc. Lo que quiero decir es que es necesario definir en que creemos para buscar aliados en alguna organización, puede ser en la Universidad, en la asociación del barrio, en alguna ONG, en la empresa de la familia, en la empresa en la que trabajamos, o presionando para que las decisiones públicas tomen en cuentan nuestras ideas. Siempre se necesita gente que esté dispuesta a pensar creativamente y dar algo de su tiempo por el país. 

    En mi caso, lo que yo estoy haciendo para matar ese dolor de patria es trabajar desde la academia en la manera como las empresas deben respetar los derechos humanos, a veces colaboro con algunas ONG para definir proyectos de reducción de la pobreza, buscando alianzas con empresas o instituciones del Estado.  También trato de hacer cosas pequeñas, como ayudar a mi mamá, ser justo con la gente que trabaja conmigo y escribir algunas líneas en esta web. Y trato de trabajar duro para demostrar esa cara pila que tenemos los colombianos.

    Algunas veces me deja de doler, pero siempre siento que no es suficiente. Como sea, espero que en algún momento pueda hacer algo que implique un cambio profundo en la calidad de vida para muchas personas. 

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