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    jueves, 29 de septiembre de 2011

    Crisis Financiera: las soluciones siguen siendo más de lo mismo

    Transcribo la nota publicada ayer en Colombiaincluyente.org


    Las crisis de alguno de los engranajes de un sistema usualmente es útil para sacar a la luz las imperfecciones de este. En el caso de la crisis de los sistemas sociales, lo que se revelan son las injusticias que generan el modelo. La crisis es la oportunidad de dudar del sistema, de dudar sobre la manera cómo funcionan las cosas en el mundo. A lo largo de la historia de la humanidad, la crisis ha dado oportunidades de pensar de una manera distinta los conceptos, las relaciones, las instituciones e incluso las personas.

    Por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial permitió revelar la barbarie de los campos de concentración e identificar la necesidad de contar con una autoridad internacional que garantizara la paz y la protección de la dignidad de las personas de manera universal. La crisis financiera internacional de 2008 –aún no superada- revela un sistema que es estructuralmente violento, porque se sostiene en un conjunto de reglas y en una estructura consumista que valora el dinero y las posesiones de bienes materiales como lo más preciado y como los objetivos más importantes de “la buena vida”*.

    El concepto de buena vida es un concepto del liberalismo político, que nos habla del ejercicio de nuestra libertad: “cada cual tiene derecho a escoger su proyecto de buen vivir” o sea sus valores, sus ideales, sus sueños. Esto es lo que sostiene la teoría liberal, pero en la práctica ese proyecto de buen vivir se traduce en consumir. Los críticos de este liberalismo político, como la Escuela de Frankfurt, hablan de un hombre unidimensional, en donde la única dimensión del hombre en este sistema es el tener**.

    La crisis financiera, se puede describir desde la ambición unidimensional de los agentes del sistema financiero internacional que -incapaces de diversificar su proyecto de “buena vida”- sólo se enfocan en el tener. La presión de la cultura hacía esta unidimensionalidad puede entenderse como una violencia cultural que sustenta las estructuras de enriquecimiento desmesurado como el mercado de capitales.

    En efecto, la actual crisis financiera internacional es la comprobación de un sistema que tiene fallas estructurales, con bases culturales que continúan enriqueciendo a unos pocos e impidiendo que otros desarrollen sus capacidades. En el caso de esta crisis, la ambición de los agentes del sistema financiero, aunada a la excesiva liquidez en el mercado y a controles regulatorios laxos, generaron la propagación de unos papeles que, no obstante una alta calificación de calidad, resultaron un mal negocio (se recomienda
    INSIDE JOB al menos el tráiler). El hecho de que instituciones con la mayor reputación en el mercado financiero –desde las generadoras de los créditos hasta las agencias calificadoras de los títulos sub-prime– actuaran como promotoras de tales papeles, afectó no solo la reputación de las entidades financieras individualmente consideradas, sino que un análisis de su origen y sus consecuencias es útil para revelar cómo el sistema tiene un diseño que es estructuralmente violento con la mayoría de la ciudadanía global y excesivamente amable con los que operan el sistema.

    Uno de los puntos más interesantes, es que, luego de la crisis se esperaría que hubiese cambios estructurales, dada la magnitud de las pérdidas, la globalidad de las consecuencias y lo vergonzoso de los escándalos. Desde una ética de la responsabilidad se esperarían consecuencias para los actores del mercado, desde corredores de valores, hasta calificadores de riesgo y aseguradoras. Incluso cabría esperar dificultades legales y prácticas para nuevas emisiones de deuda en forma de “derivados” que evitaran que las mismas bancas de inversión volvieran a colocar deuda para financiar su liquidez de manera irresponsable. Es lo mínimo que se espera, luego de presenciar que inversiones calificadas con el menor de los riesgos resultaron impagadas. También cabría esperar una ruptura de la confianza, que resquebrajara la estructura del sistema e invitara a cambios importantes en el modo de especular en los mercados financieros.

    No obstante, si bien la reacción inmediata del mercado fue una perdida en la confianza, con una aversión frente a cualquier tipo de instrumento financiero complejo, pasados cuatro años de la crisis, el sistema sigue funcionando de manera casi idéntica. Algunas calificadoras de riesgo y aseguradoras pagaron el costo, inmediatamente transferido a los contribuyentes, vía “rescates” de grandes compañías, pero las reglas de mercado y las regulaciones legales se anclan en las mismas bases especulativas. La estructura continúa intacta.

    La confianza, para el capitalismo, se supone que es un concepto fundamental en el sistema. Así por lo menos se ha creído, desde que Francis Fukuyama*** lo mencionara como uno de los conceptos más importantes y necesarios para el desarrollo pacífico de las relaciones económicas. Se basa en la creencia de que se cumplirán los compromisos adquiridos, que la información que circula es real y que tales operaciones se realizarán de acuerdo con la ley, las prácticas del negocio y la ética de la comunidad política. Como consecuencia de la crisis financiera, todos estos presupuestos de confianza han sido cuestionados: los compromisos no se cumplieron, la información circulante era ambigua e imprecisa, muchas operaciones, por su riesgo, se movían en el margen de la ilegalidad y existe un juicio ético contra los operadores del sector financiero en cuanto a su diligencia para el análisis del riesgo de los papeles emitidos, o incluso peor, se pone en duda su ética a la hora de recomendar a sus clientes valores que -a todas luces- eran un pésimo negocio. Sin embargo, el sistema y sus actores continúan operando de la misma forma.

    Hasta acá podemos sacar dos conclusiones preliminares: (1) los conceptos actuales para entender el sistema económico no son suficientes, no explican la realidad de las transacciones. Si fuera cierto que la confianza es necesaria y transversal para el ejercicio de las relaciones económicas, algo muy profundo habría cambiado en la estructura del sistema financiero y, en consecuencia, en todo el sistema capitalista. Pero la realidad es que, una vez rescatados, la violencia estructural continúo por el mismo camino. (2) El sistema se mantiene intacto, sus roles, sus actividades y sus violencias siguen siendo un obstáculo para el desarrollo pleno de capacidades.

    Más de lo mismo… parece que lo que nos queda es realmente pensar en un nuevo modelo, un nuevo modelo de vida, de consumo, de capitales…
    ____________

    *John Rawls (1995), Teoría de la Justicia, Segunda edición, México, Fondo de Cultura Económica.
    **Herbert Marcuse (1964), El hombre Unidimensional, Bogotá: Editorial Norma.
    ***Francis Fukuyama es uno de los pensadores más influyentes del capitalismo. Su libro El fin de la Historia y el último hombre, Editorial Planeta


    1 comentario:

    1. Medio año despues seguimos igual. Pero la historia nos demuestra que todo tiene un comienzo y un final, pese a que a veces parece que no todo sucediera a la velocidad deseada y no se encamine hacia lo que deseamos.

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