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    lunes, 24 de octubre de 2011

    Ecosistemas de inclusión: Buscando una fórmula para ser socios de los emprendimientos

    El ser humano es un potencial. Es una semilla que puede dar frutos. En un terreno abonado, con el clima adecuado y los nutrientes necesarios podrá desarrollarse, fortalecerse y crecer. Sin embargo, nuestra sociedad no permite a todos los seres humanos la expresión de toda su potencialidad, porque el ecosistema no es inclusivo, porque resulta peligroso o infértil para la mayoría.

    En la pregunta por ayudar a las personas a salir de la pobreza, a enfrentar la reconstrucción de sociedades heridas por la violencia o afectadas por algún desastre, usualmente la respuesta ha sido entregar a las personas lo que necesitan para sobrevivir, muchas veces sin explorar en sus capacidades, sin crear un entorno que les permita desarrollarse (enfoque asistencialista). La respuesta se ha concentrado en la vulnerabilidad de las personas y comunidades y no tanto en el fortalecimiento de sus capacidades y en la creación de oportunidades. Tal vez, la pregunta deba ser: ¿Qué podemos hacer para permitir y preparar el desarrollo de toda la capacidad creativa del ser humano?

    La respuesta más reciente ha sido construir ecosistemas de inclusión, que permitan a cada persona explorar en sus capacidades al tiempo que se abona el terreno para que estas crezcan (enfoque productivo y de desarrollo de competencias). Estas iniciativas se han concentrado en explorar las capacidades y en animar a las personas en situación de vulnerabilidad a que las desarrollen, mediante el acompañamiento por parte de las organizaciones de la sociedad civil. En los últimos años, la cooperación internacional ha financiado miles de proyectos de creación de iniciativas productivas, pequeños negocios y desarrollo de competencias económicas.

    Sin embargo, no se ha abonado el terreno lo suficiente como para que estas iniciativas sean sostenibles en el largo plazo, lo que ha implicado que esta estrategia se convierta en una fórmula para que las personas en situación de vulnerabilidad puedan acceder a los recursos que brida el Estado o la cooperación internacional. Lo que termina pasando es que la gente accede a las capacitaciones de emprendimiento, o de diseño de un plan de empresa, para obtener los recursos que están disponibles, ya que los necesitan para sobrevivir, y aprovechan cualquier oportunidad de ayuda.

    Quizás el mejor ejemplo de un intento por abonar el terreno para apoyar el desarrollo de las capacidades ha sido el microcrédito. Sin embargo, contar con recursos (y más si son costosos) no asegura el éxito de una iniciativa productiva. La realidad sigue siendo que las personas vulnerables necesitan sobrepasar muchas barreras para conseguir desarrollar sus capacidades: no cuentan con conocimientos especializados sobre la manera como opera el mercado (administrativos, jurídicos, contables), no tienen capacidad de analizar y acceder a los mercados con facilidad, no cuentan con acceso a redes comerciales, no tienen conocimiento sobre las reglas de acceso a mercados internacionales, etc. El microcrédito elimina una de las barreras; en otras palabras ayuda a abonar el terreno, pero se requieren de más elementos para que la tierra esté bien abonada y la semilla de los frutos que está en capacidad de dar.

    Pongamos el ejemplo de Bogotá y su Programa de Atención al Proceso de Desmovilización y Reintegración en Bogotá DC. (PAPDRB) A fecha de hoy el programa ha apoyado más setenta proyectos productivos. Lo ha hecho explorando en los intereses y capacidades de la población desmovilizada y luego apoyando con acompañamiento, asesoría y capital semilla cada uno de los emprendimientos. Luego de cinco años de gestión el proyecto ha sido muy exitoso, si se analiza como una estrategia para dar asistencia a una población que se encuentra en situación de vulnerabilidad y que necesita del apoyo de las instituciones del Estado para poder reintegrarse.

    Sin embargo, estos setenta proyectos productivos están en riesgo, ya que no están suficientemente incorporados al mercado, no cuentan con los conocimientos y las capacidades para organizar el negocio, no tienen acceso a las redes de comercialización y sigue una larga lista de barreras que hacen muy difícil que estos emprendimientos se sostengan en el largo plazo.

    Así que el trabajo de los próximos años deberá concentrarse en estrategias que permitan asumir y sobrepasar todas las barreras a las que se enfrentan. De lo contrario, muchas de las iniciativas que han sido apoyadas tenderán a desaparecer, como lo muestran los análisis recientes sobre la sostenibilidad de las iniciativas productivas.

    ¿Qué les hace falta? ¿Cómo podemos apoyar la sostenibilidad y el crecimiento a largo plazo?

    Hemos venido trabajando en la idea de ser socios de estos emprendimientos. Hacer negocios con estas pequeñas empresas. Ellas entregan su capacidad de trabajo y nosotros, a través de una institución con capacidad técnica y financiera, somos socios del proyecto. Centralizamos la administración de varios negocios, financiamos el crecimiento de los emprendimientos y los ayudamos a entender y a conectarse con el mercado.
    ¿Quién quiere apoyarnos? ¿Qué otras ideas se les ocurren para llevar estos emprendimientos a un segundo estadio de crecimiento? Escríbanme.

    1 comentario:

    1. Juanito!estuve el puente pasado en Magangué, en un foro de La Legión del Afecto, una estrategia muy interesante de "involucramiento" con las comunidades... tiene mucho que ver con la nota que escribes, y es de las cosas que me interesa hacer, tiene que ver con la creatividad, el arte, las capacidades, el arraigo por el territorio, la cultura.... te dejo par links! http://www.eltiempo.com/participacion/blogs/default/un_articulo.php?id_recurso=450010452&id_blog=3923559
      http://www.accionsocial.gov.co/documentos/2594_Atencion_Psicosocial.pdf
      Tenemos que hablar! Jime

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